En los últimos años no hemos parado de escuchar expresiones como “emergencia climática”, “cambio climático” “calentamiento global” o incluso “apocalipsis climático”. Los “informativos” se llenan la boca con las “olas de calor”, que no son más que el calor normal que en verano – hasta donde sabemos, en verano hace calor –. Pareciera que el clima siempre fue estable hasta que empezamos a usar zumo de dinosaurio para mover nuestros coches, y por ello el cambio climático nos arruinará la vida – «expertos dixit » -. La cuestión es que el clima es cambiante por definición, siempre ha estado cambiando y no hay un “clima normal”. Solo existe esta «normalidad» para nosotros, pues es lo que hemos conocido en nuestra efímera existencia.

Primeramente, debiéramos definir lo que es el tiempo y lo que es el clima, porque, aunque parezcan lo mismo son muy diferentes. Si en tu ciudad no puedes salir nunca a tomar el sol: eso es por el clima. Pero si un fin de semana de verano no puedes ir a tomar el sol: eso es por el tiempo. Según la Organización Meteorológica Mundial un periodo representativo del clima son 30 años. Menos que eso, son simples datos climáticos de los que no se pueden sacar conclusiones claras. Aun así, tanto si crees en la tierra joven (unos 10.000 años) o una tierra vieja (millones de años), 30 años siguen siendo insignificantes en la historia de la Tierra.

Según los medios y las organizaciones mundiales, pareciera que el único factor para el clima fuera el CO2 y la actividad humana. Tanto es así, que algunos científicos están tratando de impulsar la idea de que el Holoceno ha acabado y estamos en el Antropoceno – un poco de soberbia darnos tanta importancia, creo yo –. Pero el clima es un sistema multifactorial, hay miles de aspectos que terminan por determinar el clima. A continuación, veremos algunos de ellos (porque hay tantos, que estaríamos días citando factores):
Ciclos solares: el Sol tiene ciclos de unos 11 años, donde varían las manchas solares y la radiación. Todo esto afecta a la temperatura en la Tierra, por ejemplo: la baja actividad del Mínimo de Maunder (siglo XVII) “coincidió” con la Pequeña Edad del Hielo en Europa.
Volcanes: Las erupciones volcánicas expulsan aerosoles y dióxido de azufre a la atmósfera, lo que bloquea la radiación solar y causa enfriamientos temporales. Como ejemplo tenemos la erupción en el Monte Tambora (1815) que provocó un año sin verano y hambrunas en 1816. Otro ejemplo es el Pinatubo (1991), que bajó la temperatura global 0.5 ºC durante unos años.
Corrientes oceánicas: Estas son responsables de distribuir el calor y la humedad por el planeta. Tenemos la Corriente del Golfo que calienta Europa occidental, fenómenos como El Niño (cálido en el Pacífico) que altera los patrones de lluvias globales, causando sequias e inundaciones. La Niña, por su parte tiene los efectos contrarios.
Jet Stream o Corriente en chorro: Son flujos de aire de trayectoria sinuosa de forma tubular, achatada y casi horizontal, de varios miles de km de longitud situados en la zona de ruptura de la Tropopausa (entre troposfera y estratosfera). Separan sectores atmosféricos diferentes en presión y temperatura. Cada hemisferio tiene 2 corrientes: el chorro subtropical y el chorro polar.
Su ondulación puede atrapar masas de aire frío o cálido. Un jet stream debilitado hace que el vórtice polar descienda, trayendo olas de frío extremo a latitudes medias (como lo vivido en EEUU y Europa en enero de 2026).

Corrientes en chorro.
Capas de la atmósfera.

El clima no es un interruptor de ON/OFF, es más bien un panel de control de un Boeing 747.

En el pasado se han producido muchos cambios en el clima – sí, Bill Gates, Greta Thunberg respirad y tomad asiento: los cambios climáticos son naturales –. La paleoclimatología es la ciencia que estudia estos cambios en el clima, para ello estudian los anillos de los árboles, los glaciares, los sedimentos, épocas de retroceso y avance de glaciares y los registros históricos. Según estos estudios, los cambios climáticos posglaciares han llevado consigo expansiones y recesiones de los hielos polares y de los glaciares de montañas, a intervalos de 2.000 – 3.000 años. Una de mis citas favoritas es esta del pensador romano Marco Tulio Cicerón: «No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”. Si no conocemos nuestro pasado, estaremos condenados a “paniquear” con cualquier cosa que nos ocurra – como el cambio climático –, porque no sabremos que ya ha pasado.

Como hemos visto hasta aquí, el clima no es estable. La propia definición de clima viene acompañada del cambio, y por ello veremos diferentes ejemplos históricos:
Bölling‑Allerød
Hacia el final del Pleistoceno, momento cálido y húmedo con rápido aumento de las temperaturas y retroceso de los glaciares. Este supone el fin de la última glaciación.
Dryas Reciente (Young Dryas)
Enfriamiento abrupto en décadas, se volvió a condiciones glaciares. Probablemente causado por la interrupción de corrientes oceánicas como la del Atlántico Norte (por el agua fría del deshielo del Bölling‑Allerød).

Temperatura (º C) desde el Pleistoceno al Holoceno (actualidad), pasando por el Bölling‑Allerød y Young Dryas.
Variaciones del clima en los últimos 2000 años


Periodo cálido romano (circa. 300 d. C):
El tiempo cálido se estabilizó, y hasta aumentó la temperatura, durante varios siglos. Los climatólogos creen que este tiempo cálido influyó en el florecimiento del imperio maya en América del Norte y condujo a la desecación de los fértiles campos de cultivo de Oriente Medio. Sí, aumentó la temperatura. Debe ser que los caballos romanos eran diésel… ¿no?
Óptimo climático medieval (circa. 1000 d.C.)
Después retornó el frío. El periodo entre 1400 y 1800 fue más fío de lo que se ha conocido antes o después y los climatólogos lo llaman Pequeña Glaciación. En el comienzo de la Pequeña Glaciación supuso el fin de la colonia normanda en Groenlandia, fundada por el padre de Leif Eriksson, Erik Thorvaldsson (el Rojo), circa. año 900. Erik, puso a esta fría isla su inadecuado nombre, Groenlandia, tierra verde, para animar a los colonos, pero es probable que Groenlandia fuera más cálida y verde la primera vez que él llegó allí.

Erik Thorvaldsson o Erik el Rojo.

Pequeña Edad del Hielo (Edad Moderna):

En Europa se congelaron ríos, como el Támesis en Londres – de ahí nuestro simpático gentleman londinense de la portada de esta entrada -. Esto también supuso el fin de la ocupación vikinga de Groenlandia, que dejó de ser Greenland para ser otra Iceland.

Desde los planteamientos apocalípticos de Al Gore en Estados Unidos y el Protocolo de Kioto (1992), occidente ha estado sumido en la paranoia climática pachamamesca. Desde ese momento, todo el mundo comenzó a lanzar predicciones científicas: «No habrá hielo en los polos en 2010 o en 2015, o en 2020…» «No nevará en España a menos de 2.000m para 2018, o igual sí pero no…» Cuando cualquier asunto se convierte en dogma, deja de ser ciencia – aunque sea firmado por científicos – y pasa a convertirse en una herramienta para ejercer poder, para controlar economías y poblaciones bajo el pretexto de una “causa loable”.

Pero ¿puede el ser humano cambiar el clima? Sí podemos influir, pero de ahí a creer que podemos cambiar totalmente el clima mundial, parece más soberbia que realidad. Hay datos que normalmente no se citan:
• España ha aumentado su superficie forestal un 35% desde 1990.
• 37% del territorio es bosque (3er país europeo). Ritmo anual de crecimiento: 2,2%.
• Estos bosques absorben CO₂ y luchan contra desertificación.
El estudio de Kenneth Skrable, George Chabot y Clayton French “World Atmospheric CO₂, Its ¹⁴C Specific Activity, Non-fossil Component, Attribution of the 2020 Increase, and Indications for Emissions” (2022) afirma que desde 1750, el CO₂ emitido por humanos representa solo el 12% del total en la atmósfera, siendo las fuentes naturales (como océanos y suelos) las dominantes, y que el impacto humano es pequeño. Otros estudios coinciden, como el de Arthur B. Robinson et al. (2007) que afirman que el aumento de CO2 ha tenido pocos efectos en el clima, salvo por un “verdecimiento global” (aumento de la vegetación) y que los cambios en el clima se deben a causas naturales (ciclos solares y oceánicos) y no a la actividad humana. Esta misma idea es sostenida por Hermann Harde (2023) .
Sí, la temperatura ha subido en la última década, pero tanto los grados que ha subido como los años – con respecto a la historia humana – son insignificantes. Y la participación humana, es cuanto menos discutible. ¿Debemos cuidar el planeta? Por su puesto, ¿somos tan importantes como para modificar el clima por usar un Seat León en Madrid? en absoluto. Si fuera así, los gobernantes que nos obligan a dejar nuestros coches de combustión, ¿dejarían entonces de usar sus aviones privados, verdad? Algo parecido pasa en la F1, especialmente con el reglamento de 2026 – como vimos en «It’s Fine» -.

También debemos tener en cuenta, que en el último siglo tenemos mucha más información climática y del tiempo, lo cual puede distorsionar nuestra visión del clima. Además de que los protocolos de obtención de datos y de análisis de estos, se va perfeccionando, haciendo que los datos no puedan ser completamente iguales para su análisis. La pregunta final no es ¿vamos a morir todos por la crisis climática?, sino ¿vamos a ser críticos y estudiar con rigor el clima o a defender eslóganes y agendas?

Muchos pensarán que lo plasmado en este artículo no es lo que dice el «consenso» científico. Pero ese consenso es el que había en que la Tierra era el centro del universo, que el Sol giraba entorno a ella, o que Plutón era un planeta. La ciencia no son consensos, es discusión, debate, replica y estudio. Nada se debe dar por hecho, cada prueba debe ser examinada y debatida. Si hablamos de consenso, no hablamos de ciencia.

Como conclusión, podemos afirmar que las condiciones normales no son más que una media de los datos disponibles, de un porcentaje muy pequeño de la historia climática. Por tanto, salirse de la normalidad no es más que salirse de lo último conocido. No existen valores normales, solo normales para nosotros. Lo que era «normal» en el Pleistoceno no es lo «normal» ahora.

  • Arthur B. Robinson, Noah E. Robinson y Willie Soon. (2007). Environmental Effects of Increased Atmospheric Carbon Dioxide. Journal of American Physicians and Surgeons.
  • Hermann Harde. (2023). Atmospheric CO₂ Residence Time and the Carbon Cycle: Oceans Dominate Recent Changes. Atmospheric and Climate Sciences.
  • Hertzberg, M., Siddons, A., & Schreuder, H. (2022). The impact of CO₂, H₂O and other greenhouse gases on equilibrium Earth temperatures [Preprint]. ResearchGate. https://www.researchgate.net/publication/362523665
  • Hughes, J. D. (2022). World atmospheric CO₂, its ¹⁴C specific activity, and ¹⁴C age: A discussion. Health Physics, 122(2), 228–236. https://doi.org/10.1097/HP.0000000000001470
  • Kramm, G., Dlugi, R., & Zelger, M. (2020). Comments on the “Greenhouse effect” of the atmosphere (arXiv:2004.00708). arXiv. https://arxiv.org/pdf/2004.00708.pdf
  • Robinson, A. B., Robinson, N. E., & Soon, W. (2007). Environmental effects of increased atmospheric carbon dioxide. Oregon Institute of Science and Medicine. https://www.petitionproject.org/gw_article/GWReview_OISM150.pdf

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